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Sigüenza se une al VIII Centenario del nacimiento del  rey Alfonso X el Sabio

Las conmemoraciones históricas son acontecimientos que se refrendan sacando a la luz testigos de nuestra historia, conservados en la oscuridad de los archivos. Son la ocasión para dar testimonio de la historia, conocer la riqueza de los archivos, demostrar su importancia y el valor de la conservación documental.

Enfundado en un sobre de poliéster transparente, hecho a medida, para protegerse del polvo y de los agentes contaminantes, se conserva un viejo  pergamino de cuero de 43×31 cms, rectangular y vertical. Firmado por el rey  y dirigido al Concejo de Sigüenza, comunicándoles el perdón de las penas y multas que hubiesen cometido, desde el año de la conquista  de Niebla (Huelva) en 1262 hasta la fecha de este documento. El motivo era el reconocimiento y gratitud a los seguntinos por su  participación en las huestes cristianas que, durante nueve meses, al mando del monarca cristiano asediaron esta plaza andaluza hasta lograr su conquista.

Sería en Burgos, un 28 de agosto de 1277, cuando  aprovechando una parada de descanso en su itinerario por tierras de su reino, el monarca aprovecharía para encargar a su cancillería, la producción  documental y  la emisión de esta carta. Bajo la dirección del canciller real, los pergamineros prepararon la piel de oveja para convertirla en pergamino de cuero. Los tintoreros se dispusieron a mezclar humo, vino blanco, agallas de roble y goma arábiga, para elaborar una tinta semi espesa y negruzca, con la que el escribano, tomando una pluma de ave y mojando su extremo cortado en punta en la tinta, con mano segura, se dispondría a escribir combinando trazos finos y gruesos, poniendo en limpio el borrador realizado por sus ayudantes, en un incipiente castellano que iba imponiendo el rey Sabio:  Don Alfonso por la gracia de Dios rey de Castiella…. al Conçejo de Sigüença de villa e de aldea. Salud e gracia,…..Fago vos saber… perdono nos todas las penas del año de la hueste de Niebla fasta aquí .

Finalizado el texto y rubricado por el monarca, procedieron a doblarlo en pliegues verticales y horizontales hasta formar una carta. En el último doblez, en la parte inferior, dos orificios triangulares, llamados plica, fueron atravesados por hilos de seda de color rojo, amarillo y azul, colgando de sus extremos el sello real en plomo, validando y garantizando así la autenticidad de la carta. Un correo a caballo, la llevaría hasta su destino final: Sigüenza, donde ha permanecido desde hace siglos, custodiada en su archivo como garantía de prestigio, de honor y testimonio de su historia.           

                           Amparo Donderis Guastavino
Archivera Municipal de Sigüenza

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