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Enamorado de tanto patrimonio

Hay una Sigüenza deslumbrante de piedras seculares, pero a mí me ha tocado, por gajes del oficio, buscar por los rincones de la tradición y de la fiesta.

Me enamoré de Sigüenza, hace ya muchos años, cuando por San Vicente me tiznaron la cara en las hogueras como si se tratara de un ritual iniciático. En la plaza se oía el griterío de los niños y una música alegre de gaiteros cuando, gracias a la perseverancia de José María Canfrán, Sigüenza era algo así como el último reducto celtibérico de la dulzaina en la provincia. Había gentes con capas castellanas y escapularios de cofrade agasajando al personal con bandejas de bollos y celebrando al santo.

Yo me he perdido por las callejas donde transcurren las costumbres. Por  Sigüenza desfilan “rosarios de faroles”, antiguos hombres armados procesionando a Cristo y músicas, alegres músicas cuando llega la fiesta. Suenan las “sanjuaneras” celebrando el solsticio y se pueblan de flores y enramadas los arcos y las plazas. Hay música de charangas por San Roque, en los poblados vermús de La Alameda y, luego por la noche, de peña en peña, saltan también los corazones al ritmo de las melodías populares. Llegan las navidades y suenan las enormes zambombas por las calles. Es entonces cuando la gente vuelve a cantar los viejos villancicos -nochebuena, las doce palabritas…- y alguien se arranca improvisando y saca a relucir, en los cantares, la vida cotidiana de la ciudad mitrada con pelos y señales, en un sublime ejercicio de purga colectiva por el año que acaba, tal y como solía hacer el gran Pepe Cerezo en llegando esas fechas.

Me enamoré de Sigüenza y allí que me marché a presentar mi disco “Guadalajara de Fiesta”, en su Plaza Mayor, con los hermosos soportales de fondo y los gigantes vibrando con nosotros.

Me enamoré de Sigüenza, de sus artesanías: botas de vino, alfombras, cincelados, antiguos alfareros, cestería de fino…Me enamoré buscando instrumentos  y músicos en los relieves de la catedral. Viéndome enamorado de tanta maravilla pensé si no fuera pecado el querer tan intenso y me vi rodeado de millares de amantes que comparten conmigo el cariño a tanto patrimonio acumulado.

                                    José Antonio Alonso
Cantautor y etnógrafo

Letras Vivas