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Sigüenza, un patrimonio muy salado

Sigüenza es una ciudad construida sobre sal. Hace 200 millones de años, esta altiplanicie castellana de rudo clima estaba sumergida bajo el mar de Tetis, precursor de lo que sería después el Mediterráneo.

Poco a poco fue evaporándose y la sal se depositó en zonas que hoy están bajo la superficie. Al norte de Sigüenza, en el valle del río Salado, aflora en manantiales y rezumaderos salinos. Muchos se han aprovechado para la obtención de sal. Aunque la primera referencia documental a las salinas de la comarca data de 1137, se intuye que ya antes hubo producción salinera a mayor o menor escala. Hoy se ven restos de una docena de salinas, destacando entre ellas el conjunto que forman las de Imón y de La Olmeda. 

El comercio de la sal, como auténtico oro blanco, estaba fuertemente regulado y custodiado. Así, el movimiento de personas y mercancías era vigilado desde atalayas como el castillo de la Riba. Parte de los beneficios generados por su venta se invirtió en la construcción de casas nobles y en edificios tan emblemáticos como la catedral o el castillo. Un ejemplo lo podemos ver según se entra en la catedral; a la derecha, en la pared, se puede ver una placa de piedra en la que aparece descrita una donación salinera a la Iglesia. También podemos encontrar vestigios más modernos de la historia salada de Sigüenza: en la estación de tren todavía está en pie un enorme edificio, ahora en desuso, que servía para almacenar la sal cosechada en las Salinas de Imón y de La Olmeda.

Todos estos monumentos seguntinos fueron construidos, grano a grano, gracias al sudor de los salineros. Una profesión que, en esta comarca, se está convirtiendo en un recuerdo. Todavía tenemos la oportunidad de conocer a alguno de ellos. Son, por su trabajo, dignos herederos y transmisores vivos del rico legado histórico de la ciudad y su entorno. Pese al actual estado de abandono y degradación de las salinas, aún es posible apreciar su esplendor de antaño. Como amantes del patrimonio seguntino, tenemos el deber y la responsabilidad de aportar nuestro granito (de sal) para evitar su desaparición y reivindicar su valor.

Katia Hueso
IPAISAL – Asociación de Amigos de las Salinas de Interior  

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